Catalina Lonac: «La verdadera Vaca Muerta está en el Norte y la reconversión energética pasa por la caña de azúcar»

Es la vicepresidente de Los Balcanes, la empresa azucarera que tiene cuatros ingenios, una productora de alcohol de caña de azúcar y una generadora de energía. Además, fundó una universidad en Tucumán.

Por Ximena Casas- Infobae 6 de enero de 2019 –  Para Catalina Lonac, vicepresidente de la azucarera Los Balcanes, el sector industrial está atravesando uno de los peores ciclos de su historia. Su empresa cuenta con cuatros ingenios, una productora de alcohol de caña de azúcar y una generadora de energía a partir de residuos orgánicos de caña de azúcar. Además de su rol de empresaria, Lonac es abogada y fundadora de la Universidad de San Pablo-T, en Tucumán, la primera universidad privada laica del Noroeste argentino. Hija de familia croata, es cónsul honoraria de la República de Croacia para el NOA y el NEA.

– ¿Cómo atravesó el año pasado la compañía? – Ha sido sumamente complicado, en un contexto difícil, con una falta de crédito total, con tasas que a veces llegan al 80%, con empresarios que tienen que sacar un crédito para pagar los impuestos y con precios de los productos que no acompañan. La realidad de las provincias y de las economías regionales son otra cosa. Van por vías diferentes y tienen su propio idioma. Muchas veces sentimos que en la Capital se nos percibe como una carga y nosotros percibimos que en Capital nos chupan la sangre. La Capital tiene servicios y tiene el puerto, pero la Argentina se produce en el interior, en las provincias. La azucarera fue la primera industria pesada de este país y la única que sobrevivió a todas las crisis, inclusive la del ’66, cuando Onganía cerró los ingenios. Sobrevivimos. Reinvertimos normes cantidades de dinero para poder reconvertirnos.

– ¿Cómo se adaptó la empresa a un año de recesión? – Estamos muy preocupados, pero eso no significa que vamos a sacar el pie del plato. Tenemos todas nuestras inversiones hechas en el país, en varios rubros. Yo no tengo un banco, no tengo una financiera. Tengo fábricas y  una universidad. Estoy convencida que tiene que haber una salida.

La realidad de las provincias y de las economías regionales son otra cosa. Van por vías diferentes y tienen su propio idioma. Muchas veces sentimos que en la Capital se nos percibe como una carga

– ¿Cree que este momento es el piso de la crisis y que a partir de ahora comienza una etapa de recuperación? – Me encantaría. Pero no lo veo. Mi preocupación es la preocupación general de los industriales. Con tasas al 80%, con un aumento de 100% en los insumos, con precio de productos que no nos acompañan, con una carga impositiva imposible de sobrellevar. Tucumán es la provincia que tiene mayor carga impositiva. No avizoramos nada.

– ¿Recuerda alguna otra etapa con este nivel de dificultad? – Esto es peor que 2001. Eso fue un golpe, muy complicado, muy duro, donde empezamos a nacer de nuevo. Pudimos reflotarnos, reinventarnos  con mucho esfuerzo, volver a tener un crédito y hasta reconvertirnos. Pero hoy, cuando querés sacar un crédito en el extranjero, te dicen 20 años con una tasa de 8% y, además, nos tiene que dar el 60% de su ganancia. El 2001 fue un golpazo tremendo: fue decir «me morí y debo resucitar». Ahora es morir de a poco y hoy no ver la luz, aun queriendo verla.

– ¿Qué reclamos comparte con el resto del sector industrial? – Sin lugar a dudas, la parte impositiva. La primera vez que fui a conocer a mi familia, en la ex Yugoslavia, le preguntaba a mis primos cómo era la cuestión de los impuestos y me decían que el 50% iba a impuestos, pero tenían hospitales gratis, educación de primera, turismo. Y a mí me seguía pareciendo una enormidad que le sacaran el 50 por ciento. Ahora nos sacan mucho más que eso: no podés sostener una empresa así. He sido criada en una casa muy europea, pero en una provincia muy complicada, muy machista. He sufrido embates tremendos. En algunos directorios me han pedido que organice ferias del plato

– ¿Qué oportunidades ven hoy en el sector energético? – Veo una gran oportunidad. La verdadera Vaca Muerta está en el Norte. Porque la verdadera reconversión energética de la Argentina pasa por la caña de azúcar y también por el maíz. La mitad del alcohol que se le pone a las naftas es de maíz y la otra mitad es de azúcar. La Argentina tiene que terminar de liberar comercialmente la caña transgénica. Ahora bien, el azúcar yo no es nuestro negocio principal. Nos interesa cambiar la matriz energética y estamos convencidos que se deben hacer a través de la caña. Entre todas las provincias que producen alcohol hay plantadas 400.000 hectáreas de caña. Es posible llegar a 2 millones de hectáreas y sacar de la pobreza a regiones totalmente desérticas, como por ejemplo en la provincia de Chaco, poniendo fábricas de alcohol a través de la plantación de caña transgénica resistente a la sequía.

– ¿Lo ve como algo probable en el corto plazo? – Lo veo como algo muy probable. El Gobierno nacional tiene claro este plan. Llegó el momento de sentarse y conversar de las cuestiones de fondo. El azúcar yo no es nuestro negocio principal. Nos interesa cambiar la matriz energética de la República Argentina

– El lugar de la mujer se discute hoy más que nunca, ¿cómo se abrió camino como empresaria? – A mí me pareció siempre muy divertido aunque soy consciente de que soy una excepción y siempre me gustó ayudar a otras mujeres. Vengo de un hogar donde mi madre trabajaba y era normal que tuviera reuniones. He sido criada en una casa muy europea, pero en una provincia muy complicada, muy machista. He sufrido embates tremendos. En algunos directorios me han pedido que organice ferias de platos. Todo este movimiento que veo ahora me encanta, me reconforta. Me parece que históricamente se han dado las cosas como tenían que darse. Después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial la mujer tuvo que salir a trabajar porque los hombres habían muerto o volvían tullidos. Fue la mujer la que tuvo que salir a la calle y tuvo que empezar a mostrarse de otra manera.  Pasaron 60 años, que en el contexto histórico no es tanto. Este es el momento en que la mujer dice ‘¿y mis derechos dónde están?’ Es lo que se está planteando hoy.

– ¿Por qué decidió crear una Universidad? – Vengo de padres extranjeros que no han tenido nada. Y en la Argentina nos fue muy bien. Sentí, cuando tenía 40 años, la obligación de decir ‘yo tengo que devolver esto’, agradecerle a este país. Creo en la educación de excelencia y tengo un sueño: yo quiero dejar en Tucumán a la Harvard de Latinoamérica, para eso trabajo hace 20 años. Desde hace 11 que tenemos la universidad. Empezamos con cuatro carreras y hoy tenemos 18 y un campus de 60 hectáreas. Somos la única universidad privada que tiene una reserva natural de 3.700 hectáreas, con una base de biólogos trabajando en flora y fauna. Somos una universidad matricial que se puso al servicio de la producción. Hay que formar nuestros propios recursos humanos. Recorrí muchas universidades privadas en el mundo y advertí que había un hilo conductor: todas habían nacido de una pequeña gran industria o una familia que necesitaba formar sus recursos humanos.