La guerra del azúcar podría ser perjudicial para su salud

Aditivos que ponen en peligro nuestra salud. Humo y espejos de las relaciones públicas. Cambios sin sentido de recetas. Arrebatos de dinero del Gobierno. Prepárate para la gran estafa en la reducción del azúcar. Por John Naish/ Daily Mail

Al impulsar un impuesto al azúcar en los refrescos y presionando a los pasteleros a reducir el contenido de azúcar de sus productos en un 20%, el gobierno de la Sra. May está apuntando a disminuir la creciente cintura de la Nación, reducir la obesidad infantil y los índices de cáncer y diabetes.

Pero mientras esto parece un esfuerzo noble, los responsables de la industria, hasta el momento, sugieren que este camino anti-azúcar podría acabar logrando un efecto contrario y poner nuestra salud en un peligro aún mayor.
Porque, es simple, cuando el azúcar se extrae de un producto, otro ingrediente debe reemplazarlo para mantenerlo igual de sabroso. Y cualquier que sea puede no ser bueno para nosotros.

Esta semana, Nestlé encabezó los titulares con su versión saludable de la barra de chocolate KitKat. Fue como parte de una movida mayor que tiene como objetivo reducir un 10% las cantidades de azúcar de sus productos para el 2018, provocando furia a los fanáticos del KitKat en Twitter, quienes reclamaron que la marca “dejara de meterse con su chocolate”.

El envoltorio para las nuevas barras resalta que “leche y cacao extra” reemplazan al azúcar. Pero en realidad, la reducción de azúcar del KitKat es insignificante. Por porción, el reformulado chocolate de cuatro barras contiene 21,3g de azúcar, mientras que la versión original contenía 22g; es una reducción de solamente el 3,2%, no de 10 por ciento.

Esto significa que el contenido de azúcar de la versión saludable constituye 24% de la dosis diaria recomendada, la misma que la versión original.

Pero todo el mundo está hablando de KitKat y esperando ansiosos para probar la nueva receta. No es una ganancia saludable para el público, solamente un triunfo en las relaciones públicas de Nestlé.

Aún más inquietante son los intentos por reemplazar la cantidad de azúcar en muchos alimentos y bebidas decorándolos con endulzantes artificiales, muchos de los cuales ya son en sí mismos preocupantes para nuestra salud.
Tesco, por ejemplo, fue muy elogiada por responder al amenazante impuesto al azúcar en las bebidas sin alcohol reduciendo la cantidad de azúcar en las 251 bebidas de la marca.

Estas bebidas ahora contienen menos de 5g de azúcar por cada 100ml –nivel al cual el impuesto se comienza a aplicar-; se espera que muchas otras marcas sigan el ejemplo.

De hecho, Coca-Cola dice que el próximo mes lanzarán una nueva receta de Fanta con el contenido de azúcar reducido en un tercio, aunque la receta no ha sido revelada.

La Ministra de Salud Nicola Blackwood se unió a la campaña británica por la salud y contra la obesidad elogiando a los productores minoristas por esta innovación.
“Es estupendo ver a Tesco liderando el campo al reducir el nivel de azúcar en las bebidas de su propia marca”, mencionó. “Está comprobado que extraer los azúcares agregados de las bebidas es posible y sigue la línea de lo que los consumidores desean”.

Pero en una jugada típica de la industria, Tesco está reemplazando el azúcar con un ingrediente que puede ser igualmente nocivo, un endulzante llamado sucralosa. Esta sustancia súper dulce y baja en calorías, la cual es hasta 650 veces más dulce que el azúcar, ha sido agregada a las bebidas para compensar la significativa cantidad de azúcar que se les ha quitado.
Por supuesto que se supone que este tipo de endulzantes artificiales nos ayudan a perder peso. Pero la evidencia proveniente de una amplia cantidad de estudios oficiales comprueba que en realidad no lo hacen. De hecho, en algunas personas pueden causar el efecto contrario.

Ello sucede debido a que estos sustitutos químicos pueden interferir con nuestro metabolismo, de una manera sutil, e incluso a veces peligrosa. Algunos de ellos pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2.

En enero, un reporte de investigadores del Imperial College de Londres alertaron que lejos de ayudar a resolver la crisis mundial de obesidad, los endulzantes artificiales son un factor de riesgo potencial para una alta prevalencia de enfermedades crónicas. Y un estudio americano demostró que quienes consumen refrescos dietéticos al menos una vez al día tienen un riesgo dos tercios mayor de contraer diabetes tipo 2 que quienes no consumen este tipo de bebidas.

Otro gran estudio, el cual siguió a miles de personas durante diez años, descubrió que aquellas personas que bebían más de 21 gaseosas dietéticas por semana tenían el doble de riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad. Y cuantas más gaseosas bebían, mayor el riesgo.

Los defensores de los endulzantes artificiales argumentan que son consumidos por individuos que llevan una vida insalubre, lo que da un giro a las estadísticas. Pero la investigación en el periódico Gut Microbes ha sugerido que aún hay más: descubrieron que los químicos que se encuentran en los endulzantes artificiales como la sucralosa, sacarina y aspartamo podrían intervenir con el equilibrio vital de bacterias en nuestro intestino.

Mediante el uso de técnicas de testeo de alta tecnología, investigadores israelíes encontraron que los endulzantes artificiales podrían matar aquellas bacterias que mantienen nuestro metabolismo sano. También permiten que se desarrollen bacterias insalubres ligadas a la diabetes.

Como resultado, los consumidores de endulzantes artificiales sufrieron una significante reducción en la capacidad de sus cuerpos para controlar los niveles de azúcar en sangre. Este es uno de los principales síntomas en el desarrollo de la diabetes.

En pruebas realizadas en 381 personas, los investigadores averiguaron que no solo la capacidad de regular el azúcar en sangre disminuyó, sino que su peso y presión sanguínea aumentaron de una manera potencialmente peligrosa.
Preocupantemente, no es la única manera en que los endulzantes amenazan nuestra salud.

Cuando consumimos comida que fue artificialmente endulzada, pareciera que nuestros cerebros no son engañados. Habiendo probado la dulzura, se los deja con ansias de las calorías reales que esperan del azúcar.

Cuando las calorías no llegan, nuestros cerebros ansían más que nunca alimentos y bebidas dulces, según investigaciones de la Universidad de Yale. Nuestro cerebro dice: “Ok, obtengo la dulzura, pero ¿dónde están las calorías?”.

Debido a este efecto de engaño de calorías, los endulzantes pueden provocar hiperactividad e insomnio, descubrió otra investigación. Nuestros cerebros hambrientos de calorías nos ponen en un estado de intranquilidad y generan sensación de hambre hasta que lo calmamos consumiendo alimentos debidamente azucarados, sugiere el informe.

El insomnio en sí mismo es una causa de obesidad, la falta de sueño provoca que las hormonas del apetito se disparen.

Incluso sin utilizar endulzantes artificiales, los productores alimenticios pueden usar otra estrategia para reducir el azúcar, pero sin beneficiar nuestra salud. Esto se centra en el llamado “punto de felicidad”.

Los fabricantes de comida rápida utilizan este término para describir una ración exacta de azúcar, grasa y sal que pueden hacer a los alimentos demasiado atractivos como para poder resistirse. Los alimentos que alcanzan este punto de felicidad” hacen que sea difícil dejar de consumirlos, algunos dicen que son genuinamente adictivos.

Investigadores de la Universidad de California aseguran que los alimentos que contienen estas combinaciones de azúcar, sal y grasa sobrestiman el circuito de recompensas del cerebro, llamado sistema endocannabinoide.

De acuerdo con esta investigación, se lo puede considerar como el “cannabis natural” propio del cuerpo. En otras palabras, tan precisamente seleccionadas están estas raciones que la comida chatarra, como la vendida en McDonald’s, puede inducir a un placer similar al de las drogas. Crucialmente, incluso si los productores necesitan reducir uno de los ingredientes del “punto de felicidad”, aumentando alguno de los otros dos pueden generalmente compensarse y provocar el mismo efecto.