(08/10/16) El Centro Azucarero Argentino (CAA), que reúne a la casi totalidad de la industria azucarera en el país, llamó a dar “el máximo apoyo a las autoridades sanitarias argentinas” en la lucha “para combatir el flagelo del sobrepeso y la obesidad” y señaló en ese sentido que “une su voz a las de quienes proponen un consumo responsable de todos los alimentos como uno de los medios” para lograr los objetivos perseguidos.
En una Declaración en coincidencia con el final de la Semana del Consumo Responsable de Azúcar, el CAA advirtió, no obstante, que acerca de este producto se difunden conceptos de tal forma que “crean revuelo y confusión en la prensa y la opinión pública”. Puntualizando en especial que “la mentada ‘recomendación firme’ de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir el consumo de azúcar a 10% de la ingesta total de calorías se basa en pruebas científicas de calidad moderada o baja procedentes de Estudios de Observación de las caries dentales, según lo informado por la propia OMS” y no sobre el sobrepeso y la obesidad.
“Tales estudios están lejos de ser concluyentes para sustentar la política sanitaria que impulsa la OMS –enfatiza el CAA-. No es de extrañar –agrega-, considerando que se utilizan investigaciones sobre caries dentales para resolver problemas de sobrepeso u obesidad”.
Asimismo subraya la cámara empresarial que “la OMS reconoce que el sobrepeso y la obesidad (…) son de carácter multifactorial” por “la convergencia de múltiples causas” y que, “por tanto, ningún alimento o nutriente puede ser señalado como su causante único”. Entre los factores que contribuyen a su desarrollo menciona el aumento del sedentarismo y el consumo excesivo de alimentos de baja densidad nutricional, lo cual “dista de las recomendaciones (…) en relación con el consumo moderado de alimentos y un estilo de vida activo”, dice el CAA.
La entidad aboga entonces por “educar y enseñar a comer eligiendo adecuadamente los alimentos de acuerdo a las necesidades y condiciones de cada individuo; no prohibiendo ni demonizando alimentos” ya que eso “solo brinda resultados a corto plazo, pero no garantiza una mejora de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (como el sobrepeso y la obesidad) a largo plazo”. El Centro Azucarero hizo hincapié en que en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad debe participar el conjunto de la sociedad “en forma armónica y sin sesgos paradigmáticos o fundamentalismos”.
Situación en Argentina
En otro orden, el CAA apunta que según la información de la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para Enfermedades no Transmisibles, el Sobrepeso y la Obesidad han ido creciendo hasta alcanzar magnitudes preocupantes: hoy 57,9% de la población sufre de sobrepeso, pero a la vez señala que “en una reciente publicación de la FAO (Food Balance Sheet, 2016), la evolución del consumo de alimentos en Argentina, medido en calorías, no parece justificar este crecimiento” ya que entre 1961 y 2011 el consumo de calorías diario solo creció en 50 kcal/día, 1,6% en 50 años. “Apenas 3 cucharaditas por día en 50 años o 2% de las calorías totales”, dice el CAA.
“El consumo per cápita de azúcar, según la misma fuente, pasó de contribuir de 12,5% de las calorías consumidas en 1961 a 14,28% en 2011”, que al registrar que en 2015 el consumo per cápita fue muy similar, asevera que “hoy la contribución calórica diaria del azúcar representa un guarismo escasamente superior a 14% de las calorías totales ingeridas”.
Edulcorantes No Calóricos (ENC)
La entidad observó que “la evolución del sobrepeso y la obesidad en Argentina pasó de 49% en 2005 a 60% en 2013, según fuentes oficiales”, esto es, 22%. Por falta de datos oficiales no se puede comparar la evolución desde 1961.
A la vez detalló que “el único consumo que aumentó entre 1995 y 2015 en forma significativa ha sido el de los edulcorantes no calóricos (ENC): creció 206%, según datos del Sistema María de la Aduana Nacional. Pasó de 230.000 a 708.000 ton equivalentes de azúcar anuales”.
El CAA precisa que en el período 2005-2013 el consumo de ENC creció 70% y destaca que recientes estudios sobre la materia parecen indicar que al menos tienen parte de la responsabilidad en el crecimiento de lal sobrepeso y la obesidad.
Por otra parte indica la cámara empresarial que “desde el punto de vista calórico la propuesta de reemplazar el azúcar en los alimentos por otros productos resulta simplista ya que el azúcar cumple más de 10 funciones diferentes en la elaboración de alimentos y el conjunto de sus eventuales sustitutos puede incorporar una carga calórica superior a la del azúcar” sin mencionar que el reemplazo puede encarecer los alimentos reformulados en forma significativa.
Otro dato relevante que surge de la mencionada encuesta nacional es que se puede afirmar que la población argentina es mayoritariamente sedentaria: 54,7% de los argentinos no realiza actividad física o la que realiza no es suficiente para satisfacer el mínimo recomendado.
El fin del Plan de Alimentación Responsable del Ministerio de Salud de la Nación debe ser brindar a la población las herramientas para fomentar una mejor y mayor calidad de vida, de salud. Para ello es fundamental el enfoque educativo que se debe dar a este tipo de información; no debe limitarse a culpar a únicos alimentos y/o nutrientes sino extenderse a dirigir mensajes a la población que contribuyan a un consumo moderado de alimentos de todo tipo y a motivar el incremento de actividad física regular.
Eso sería actuar “sin fundamentalismos”, como aconsejan reputados nutricionistas, con el objetivo de volver a instalar las cuatro leyes de alimentación promulgadas por el doctor Pedro Escudero, quien enunciaba que “es importante que nuestra alimentación conste de las siguientes leyes: calidad, cantidad, armonía y adecuación”. Es decir, la alimentación debe ser en cantidad, suficiente en cuanto a calorías y nutrientes en función de cada persona; en calidad, completa; debe contener todos los grupos de alimentos. Debe ser armónica, tener un equilibrio entre los componentes y su proporción; y, finalmente, adecuada, según la cultura, la historia, la familia, la economía y la religión.