Comentarios del Centro Azucarero Argentino sobre el plan de la OMS de lucha contra la obesidad infantil

(12/10/16) El CAA apoya los esfuerzos de las autoridades para abordar de manera significativa la obesidad infantil y muchas de sus recomendaciones de política general.

Estamos de acuerdo con la corriente de pensamiento que argumenta que la obesidad infantil tiene un origen complejo, está influenciada por varios factores biológicos y contextuales y que requiere la consideración de la alimentación, bebidas y entornos protegidos, así como un enfoque sobre el estilo de vida de nuestra población.

También con la importancia de proporcionar información nutricional comprensible desde la que los consumidores puedan tomar decisiones dietéticas fundadas, aumentar las oportunidades para desarrollar actividad física, reducir voluntariamente la cantidad de comercialización a los niños (incluyendo los entornos escolares), y brindar educación sobre la salud, la nutrición y las calorías a equilibrar.

Como representantes de los fabricantes de azúcar manifestamos que nuestro producto es y debe continuar siendo parte de un estilo de vida saludable. El CAA reconoce, sin embargo, que hay muchos desafíos relacionados con la nutrición que afectan a la comunidad global (como la obesidad infantil), y es fundamental que todos los actores de la sociedad, incluyendo la industria de alimentos y bebidas, participen en un diálogo intersectorial para desarrollar soluciones integrales y sostenibles basadas en la totalidad de la evidencia científica.

A. Apoyo a las iniciativas de etiquetado
Concordamos con las iniciativas de etiquetado con el fin de hacer que el número de calorías en los productos sea aún más claro y fácilmente identificable para los consumidores. De igual manera apoyamos las medidas de informar a los consumidores mediante la identificación de los Edulcorantes No Calóricos contenidos en los productos, información que debe tener el mismo tamaño de letra que el resto de los nutrientes informados.

El CAA reconoce y rescata al Codex en su rol global sobre el etiquetado nutricional en los alimentos y en las directrices mundiales para su armonización, y seguirá apoyando los esfuerzos por parte del Comité del Codex sobre Etiquetado de los Alimentos (“CCFL”) para establecer los principios globales para el etiquetado frontal del envase. En particular, el Plan de Acción para la prevención de la obesidad en niños y adolescentes de la Organización Panamericana de la Salud (“OPS”) reconoce el valor de “normas del Codex” en el desarrollo e implementación de sistemas para el etiquetado frontal del envase. No apoyamos sin embargo la propuesta de la OPS de las denominadas etiquetas “semáforo” ya que no existen “alimentos no saludables” en las clasificaciones del Codex o en los permisos de comercialización de alimentos otorgados por las autoridades argentinas en la materia.

B. Apoyo Voluntario
El CAA acuerda que los niños no deben ser indebidamente influenciados por el marketing y respeta el papel de los padres como los principales responsables de tomar decisiones sobre lo que consumen sus hijos. La Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) ha asumido compromisos voluntarios sólidos en el ámbito del contenido de sodio y grasas en los alimentos. Estos esfuerzos de autorregulación tienen tasas extremadamente altas de cumplimiento (como confirmaron en varias ocasiones terceros independientes).

C. Ayuda a compromisos en entornos Escolares
Estamos de acuerdo en que las escuelas son entornos especiales donde se deben fomentar estilos de vida equilibrados. En estos entornos los alimentos, la publicidad y las etiquetas deben ser conducentes al objetivo planteado.

D. Apoyo a los esfuerzos de reducción de calorías y programas de nutrición y actividad física
La industria azucarera presta apoyo a los esfuerzos de reducción de calorías, programas de nutrición y actividad física, y la investigación y asociaciones que promueven la ciencia de la nutrición. Como parte de estos esfuerzos aboga por la educación a la población sobre la importancia del balance energético y la actividad física

II. La imposición a las bebidas azucaradas es una Recomendación sobre la política ineficaz e inadecuada para afrontar la obesidad

Aunque apoya esfuerzos significativos para abordar el problema de la obesidad infantil y para ayudar a los consumidores a tomar decisiones informadas en la dieta, el CAA no respalda la imposición a alimentos azucarados y bebidas endulzadas con azúcar. En primer lugar, es importante tener en cuenta que el azúcar en sí mismo o las bebidas azucaradas no son los únicos responsables de las crecientes tasas de obesidad en todo el mundo. De hecho, la cantidad de calorías consumidas en estos conceptos son a menudo una parte muy pequeña de la ingesta energética diaria en muchos países.

También es bien reconocido que la obesidad es en gran parte el resultado de un desequilibrio en el consumo excesivo de energía y muy poco gasto de energía. Muchos organismos de salud pública, incluida la OMS, reconocen que la obesidad ha sido impulsada por una compleja interacción de factores ambientales, sociales, económicos, y de comportamiento, que actúan sobre un fondo de susceptibilidad genética. Para luchar eficazmente contra la obesidad, los esfuerzos de salud pública deben centrarse tanto en términos más generales sobre la educación pública con respecto a la dieta y el ejercicio, como en el suministro de información nutricional clara a los consumidores en lugar de concentrarse en tipos específicos de alimentos o bebidas.

Por otra parte, la experiencia demostró que los impuestos sobre las bebidas endulzadas con azúcar (y otros impuestos similares sobre los alimentos o macronutrientes específicos): (1) no parecen tener impacto significativo en la salud / obesidad pública o sensiblemente disminuir la cantidad de calorías que consumen las personas; (2) a menudo tienen consecuencias económicas no deseadas; y (3) son impuestos regresivos que afectan de manera desproporcionada a las familias de bajos ingresos.

Por ejemplo, un estudio encargado por la Comisión Europea reveló que los impuestos sobre los alimentos y bebidas que se consideran de alto contenido de grasas, azúcar y sal en ciertos estados miembros de la Unión Europea (“UE”) llevaron a un aumento de los gastos administrativos, en algunos casos reducción de los puestos de trabajo, incremento en los precios de los alimentos, y ninguna mejora evidente para la salud pública. El estudio muestra evidencia de los efectos de sustitución, en particular, la compra de productos no gravados o similares de las marcas más baratas, lo que podría no cumplir con el objetivo de reducir el consumo de los nutrientes involucrados.

En general, el estudio reconoce que los impuestos de alimentos y sus consecuencias representan un tema muy complejo y debatido y llega a la conclusión de que se necesita más investigación para evaluar el impacto de estas medidas más profundamente.

Del mismo modo, los datos de un impuesto aplicado recientemente a las bebidas endulzadas con azúcar en México no respaldan la medida propuesta por la OMS.

En enero de 2014, el gobierno de México estableció un impuesto sobre las bebidas endulzadas con azúcar y en determinados productos alimenticios calóricos. El impuesto de un peso por litro de bebidas azucaradas aumenta el precio de venta de dichos productos entre 9 y 19 por ciento. Mientras que el gobierno indicó que el impuesto se implementó para reducir la obesidad, no parece haber hecho un cambio significativo en el consumo de calorías de la población mexicana. En concreto, el consumo de calorías de las bebidas ha disminuido sólo ligeramente -seis calorías menos por día en una dieta que en ese país es de más de 3000 calorías por día.

Además, una revisión de los datos de ventas realizados por A.C.Nielsen Conulting Group a partir de mayo de 2013 (antes del impuesto) a mayo de 2015 (el primer año completo de datos desde que se introdujo el impuesto), muestra que no hubo una reducción significativa en los litros de bebidas gaseosas vendidos.

Al elevar los precios de las bebidas, el impuesto mexicano también ha impactado negativamente en el estilo de vida de la familia, perjudicando a las pequeñas empresas, causando la pérdida de empleos, y castigando desproporcionadamente a los consumidores de bajos ingresos que destinan un mayor porcentaje de sus ingresos a alimentos. Se ve así como estos impuestos acarrean consecuencias no deseadas a las familias de bajos ingresos, afectándolas directa y negativamente en su vida diaria.

No existen datos disponibles aún para evaluar cualquier efecto positivo del impuesto mexicano sobre el peso corporal o el consumo de alimentos ni los resultados en la salud.

Otro ejemplo: Nueva Zelanda publicó recientemente su Plan de obesidad infantil, mencionado en el informe provisional de la Comisión de la OMS, que contiene un paquete de 22 iniciativas dirigidas a la prevención y el manejo de la obesidad en niños y jóvenes hasta 18 años El plan tiene tres áreas de enfoque: (1) las intervenciones selectivas para obesos; (2) un mayor apoyo para quienes están en riesgo de convertirse en obesos; y (3) enfoques generales para tomar decisiones más saludables. Algunas de las iniciativas incluyen acciones relacionadas con la promoción de la salud, entre ellas la comercialización y la publicidad a los niños, y el partenariado con la industria.

Este Plan de obesidad infantil adecuadamente equilibrado no incluye recomendación de impuestos sobre las bebidas endulzadas con azúcar o azúcares.

Además, Dinamarca derogó su “impuesto sobre la grasa” después de un año de oposición casi universal y la evasión generalizada. Algunas de las razones para rescindir el impuesto fueron el impacto negativo sobre el empleo, la inflación, los costos administrativos de las empresas, y la falta de un resultado significativo en los patrones de consumo o hábitos dietéticos.

III. Conclusión
El Centro Azucarero Argentino comparte la preocupación de las autoridades sobre la importancia de prestar atención al tema de la obesidad infantil pero se manifiesta en contra del etiquetado “semáforo” y de las recomendaciones que promueven nuevos impuestos a los alimentos y/o bebidas azucaradas.

La aplicación de impuestos a una categoría particular de alimentos o macronutrientes no resolverá la crisis de obesidad ni promoverá adecuadamente tipos de vida más saludables y balanceados.