Del Centro Azucarero Argentino sobre el consumo de azúcar

(30/09/16) En la Semana del Consumo Responsable de Azúcar, la industria azucarera argentina une su voz a las de quienes proponen un consumo responsable de todos los alimentos como uno de los medios para combatir el flagelo del sobrepeso y la obesidad. Es importante dar el máximo apoyo a las autoridades sanitarias argentinas para la consecución de estos objetivos. Para ello entendemos que el conjunto de la sociedad debe participar en forma armónica y sin sesgos paradigmáticos o fundamentalismos.

No obstante, dado que tanto se habla del azúcar en los medios de comunicación, es importante hacer algunas aclaraciones respecto a diversos conceptos presentados de tal forma que crean revuelo y confusión en la prensa y la opinión pública.

La “recomendación firme” de la OMS. En primer lugar, se debe destacar que la mentada “recomendación firme” de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir el consumo de azúcar a 10% de la ingesta total de calorías “se basa en pruebas científicas de calidad moderada o baja procedentes de Estudios de Observación de las caries dentales”, según lo informado por la propia OMS. (OMS: “Recomendación: Consumo de Azúcares para Niños y Adultos”, 2015).

Significa que tales estudios están lejos de ser concluyentes para sustentar la política sanitaria que impulsa la Organización. No es de extrañar, considerando que se utilizan investigaciones sobre caries dentales para resolver problemas de sobrepeso u obesidad.

En segundo lugar, la OMS reconoce que el sobrepeso y la obesidad, incluidos entre las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), son de carácter multifactorial, resultado de la convergencia de múltiples causas. Por tanto, ningún alimento o nutriente puede ser señalado como su causante único.

Este tipo de enfermedades arrastran una mezcla de factores que contribuyen a su desarrollo, entre ellos el aumento del sedentarismo y consumo excesivo de alimentos de baja densidad nutricional, lo cual dista de las recomendaciones que llegan a la población desde tiempos remotos en relación con el “consumo moderado de alimentos y un estilo de vida activo”. (OMS: “Estrategia Mundial sobre Regímenes Alimentarios, Actividad Física y Salud”, Mayo 2004) (Ver “Mapa de la Obesidad” https://www.gov.uk/government/collections/foresight-projects).

Así, se debe educar y enseñar a comer eligiendo adecuadamente los alimentos de acuerdo a las necesidades y condiciones de cada individuo; no prohibiendo ni demonizando alimentos, ya que eso, se ha visto en el pasado, solo brinda resultados a corto plazo, pero no garantiza una mejora de las ECNT a largo plazo.

Situación en Argentina. ¿Cómo es la situación en la Argentina y el papel desempeñado por el azúcar? De acuerdo con la información que surge de la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para Enfermedades no Transmisibles, el Sobrepeso y la Obesidad han ido creciendo hasta alcanzar magnitudes preocupantes: hoy 57,9% de la población sufre de sobrepeso.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Es el gran interrogante. En una reciente publicación de la FAO (Food Balance Sheet, 2016), la evolución del consumo de alimentos en Argentina, medido en calorías, no parece justificar este crecimiento. Según la FAO, entre 1961 y 2011 el consumo de calorías diario en nuestro país, punta contra punta, ¡tan solo creció en 50 kcal/día! Diría un experto en estadísticas: un crecimiento de tan solo 1,6% en 50 años; despreciable.

El consumo per cápita de azúcar, según la misma fuente, pasó de contribuir de 12,5% de las calorías consumidas en 1961 a 14,28% en 2011. Siendo que este último dato coincide con el que registra el CAA para 2011, y en 2015 el consumo per cápita fue muy similar, podemos aseverar que hoy la contribución calórica diaria del azúcar representa un guarismo escasamente superior a 14% de las calorías totales ingeridas.

Medido en términos de calorías, dice la FAO, el incremento del consumo de azúcar ha sido de 60k/calorías/día. ¿Es mucho o poco? Son apenas 3 cucharaditas por día en 50 años o 2% de las calorías totales.

Edulcorantes No Calóricos (ENC). La evolución del sobrepeso y la obesidad en Argentina pasó de 49% en 2005 a 60% en 2013, según fuentes oficiales. No podemos comparar la evolución desde 1961 por falta de datos oficiales, pero para el período 2005-2013 el crecimiento fue de 22%.

El único consumo que aumentó entre 1995 y 2015 en forma significativa ha sido el de los edulcorantes no calóricos (ENC): creció 206%, según datos del Sistema María de la Aduana Nacional. Pasó de 230.000 a 708.000 ton equivalentes de azúcar anuales. En el período 2005-2013, sobre el cual se tienen datos de la evolución del sobrepeso en nuestro país, los ENC crecieron 70%. ¿Serán ellos responsables del crecimiento de la obesidad y el sobrepeso? Profesionales en temas de obesidad de nuestro medio niegan rotundamente esta vinculación y abogan por la utilización de los ENC en reemplazo del azúcar; en algunos casos es entendible, claro, ya que tienen intereses comerciales vinculados a los ENC. La discusión está abierta; aunque recientes estudios sobre la materia parecen indicar que al menos tienen parte de la responsabilidad.

Desde el punto de vista calórico, la propuesta de reemplazar el azúcar en los alimentos por otros productos resulta simplista ya que el azúcar cumple más de 10 funciones diferentes en la elaboración de alimentos y el conjunto de sus eventuales sustitutos puede incorporar una carga calórica superior a la del azúcar. Esto sin mencionar que el reemplazo puede encarecer los alimentos reformulados en forma significativa.

Otro dato relevante que surge de la mencionada encuesta nacional es el relacionado con el sedentarismo. Según ese relevamiento se puede afirmar que la población argentina es mayoritariamente sedentaria: 54,7% de los argentinos no realiza actividad física o la que realiza no es suficiente para satisfacer el mínimo recomendado.

El Plan de Alimentación Responsable implementado por el Ministerio de Salud de la Nación debe tener como fin brindar a la población las herramientas para fomentar una mejor y mayor calidad de vida, de salud. Para ello es fundamental el enfoque educativo que se debe dar a este tipo de información, que no debe limitarse a culpar a únicos alimentos y/o nutrientes sino extenderse a dirigir mensajes a la población que contribuyan a un consumo moderado de alimentos de todo tipo y a motivar el incremento de actividad física regular.

Eso sería actuar “sin fundamentalismos”, como aconsejan reputados nutricionistas de nuestro medio, con el objetivo de volver a instalar las cuatro leyes de alimentación promulgadas por el doctor Pedro Escudero, quien enunciaba que “es importante que nuestra alimentación conste de las siguientes leyes: calidad, cantidad, armonía y adecuación”. Es decir, la alimentación debe ser en cantidad, suficiente en cuanto a calorías y nutrientes en función de cada persona; en calidad, completa; debe contener todos los grupos de alimentos. Debe ser armónica, tener un equilibrio entre los componentes y su proporción; y, finalmente, adecuada, según la cultura, la historia, la familia, la economía y la religión.